Algunas Cosas Importantes para un buen vivir

Juan Carlos Salazar Jiménez. Psicólogo Confa Salud

Convivimos los humanos en un sitio que está suspendido en medio de un Universo.  Pertenecemos a un sistema planetario, siendo la tierra, el tercero en su haber. Preguntarse que lo sostiene, porque el sol es el centro, porque giramos alrededor del sol, son interrogantes simples o complejos dependiendo de quién los cuestione.  Ya algunos filósofos y astrónomos de antaño, expresaban que la tierra circulaba en su propio eje, y que el sol, giraba en torno a ella. Y otros planteaban que la tierra era plana. En fin, cuestiones que con el pasar de los años, han sido verificadas.  

Con quién más vivimos?, pues no es por demás, la tierra es un círculo flotante en el espacio, que tiene trayectoria elíptica, que tiene en su haber minerales y gases. Que además, tiene tierra y agua, y que ahí, habitamos los humanos, pero también, hay otros seres como los animales, las plantas. Y todos dependemos de todos.

Todos los días hablamos de lo que pasa con nuestra raza, que somos productivos, que modificamos el entorno a nuestra necesidad, que tomamos lo que produce la tierra para el beneficio, tanto desde lo alimenticio como del adueñarnos de partes de esta.  Sin embargo, recordando en tiempos anteriores, el humano se volvió el centro de su propio universo, convirtiéndolo en la especie dominante, la pensante y la que actúa para beneficio propio.

En éste centro está el pensamiento, la capacidad productiva mental que le ayuda a fortalecer, estructurar, modificar y aprender, para disfrutar de su estancia en el planeta. Por ende, hay un concepto psicológico que es el YO que por su estructura social, todos somos formados para ello, y debemos hacer reconocimiento dependiendo de catalogaciones como estatus, ingreso monetario, capacidad de negocio, capacidad de relaciones sociales, deporte, en fin. Nos vamos ubicando en una escala en la que por directriz, el humano debe estar. Y en un abrir y cerrar de ojos, nos volvemos más competitivos, más que los demás, nuestro YO se vuelve un gigante que pasa por encima de lo que a su paso esté.

Nos hemos vuelto un centro, – ósea- somos el sol de otros. Y esto lo pedimos a diario, “eres el único”, “eres el centro del universo”, “tu puedes hacerlo”, “no hay nadie más que tú”, en fin, varias palabras que van direccionando con intencionalidad nuestra forma de ser.  Sin embargo, esto hace parte de un ejercicio social, enaltecer el Yo y establecer diferencias ante los demás – que es positivo y valioso- pero a la vez, puede volverse peligroso. Quien no maneja adecuadamente su YO puede caer en un sin número de acciones dantestas y volverse un tirano.

Hay varios aspectos para controlar este centro, este universo en persona que se vive:

  • Todos los días hay que expresar la gratitud. Ser agradecido por lo que se tiene. No esperar demás, pero si recibir de los otros más. Hay que agradecer.  El Yo agradecido, establece mejor las relaciones sociales, porque permite compartir con los demás lo que tengo y lo que puedo brindarles.
  • Hay que cultivar el optimismo, a sabiendas que hemos creado una sociedad que  a veces piensa y evalúa desde lo negativo. El Yo optimista siempre encuentra solución a las necesidades, establece prioridades para resolver problemas, y esquematiza las ideas para llevarlas a feliz término.
  • Un buen ejercicio mental es no comparar, no ver que tiene el otro, así la sociedad nos muestre todos los días, que hay otros que tienen más que Yo. El solo hecho de estar vivo, ya es una ganancia, el estar al lado de los que amamos es un escalón de alegría.  La comparación se vuelve un ritual de necesidades económicas y nos des-centra de lo que podemos lograr en el objetivo de la vida.
  • No pienses demasiado, a veces, la mente se vuelve demasiado inquieta, porque está buscando, explorando, cuestionando e investigando para determinar las acciones cotidianas. Piensa en concreto, no conjetures tanto, no especules, no pienses qué será, porque tu YO montará películas diarias y vivirás más estresado de lo normal.
  • Ten un hábito diario, practica la amabilidad con los demás.  No vivimos solos, compartimos muchos espacios con otros.  Y ser amable significa mejorar las relaciones sociales, establecer sin prevenciones que hay otro, que igual que YO está buscando un buen vivir en este planeta.  Reconstruye el saludo, la cortesía del diálogo, mide tus palabras, y se coherente con la verdad. No te engañes. Se amable y verás lo mágico que se transforma tu entorno.
  • Otro aspecto importante en el trabajo de tu YO es el de estrechar el vínculo afectivo.  Como humanos vivimos de relaciones, no somos lobos solitarios, dependemos de alguien o de algo en nuestro existir. Por momentos marcamos territorio y establecemos directrices en la vida, pero esto depende de la manera como nos conectamos con los demás.  Queremos y nos dejamos querer, amamos y nos dejamos amar. Sin embargo, muchos de nuestros vínculos no son verdaderos, son solo la apariencia de una necesidad, una conjetura de saber que nos quieren. Si tu Yo fortalece el aspecto afectivo, se va a volver más sincero, va a mirar a los ojos con más sinceridad, va a ser más transparente, va a entender que no está solo, que los demás son y serán un compartir en este viaje de la vida.
  • Las amarguras traen sus enfermedades, el porqué, pues porque hemos dejado a un lado el sabor dulce que tiene la alegría. El YO se ha vuelto un lamento diario, nos quejamos por todo, es un ritual que se evidencia en cada diálogo.  Y hemos perdido una realidad, nuestra alegría solo sale a flote, cuando estamos en grupo o cuando nos reunimos para ello.  Este YO se ha condicionado a solo protestar. Es bueno cargar una sonrisa en el bolsillo todos los días, para sacarla a flote cuando saludemos a alguien, cuando estemos en el trabajo, cuando estudiemos, cuando veamos un sol nacer y dormirse entre las montañas, y cuando la luna nace y verla cuando duerme con el abrigo del sol. La alegría es la mejor estructura para controlar el YO.
  • Nos enseñan a ser veloces, a aprender de todo, a saberlo todo, a ser seres económicos personales y sociales, nos instruyen para controlar cada aspecto de nuestra vida o la de los demás.  Este compromiso ha generado en nosotros los humanos un sinnúmero de enfermedades, que nos han diezmado, han hecho mello en la mente y en el cuerpo. Y solo cuando se le dice a nuestro YO estás enfermo! , nuestro ser interior se pone en jaque.  Estrés, bendito estrés que nos estas desmoronado diariamente.  Como las directrices que nos dan los expertos, pues debemos agregar a nuestro diario vivir, unas gotas: de descanso, de alimentación adecuada, de buen dormir, de silencio, de compartir y de felicidad. El Yo lo agradecerá.
  • Tenemos amigos o enemigos todos los días.  Problemas surgen todos los días. Situaciones se dan en cualquier lugar.  Y nuestro YO se vuelve rencoroso y vengativo. Nuestra mente se confunde porque alguien ha hecho algo que no está dentro de nuestro parámetro o línea de vida.  Siempre habrá contrario dicta la filosofía. Y nos demoramos para reconocer o queremos a velocidad que nos digan tenemos la razón. El perdón más que un concepto moral, es un elemento que argumenta comprensión, que dicta que la línea de la perfección puede modificarse, que orienta un canal de comunicación adecuado entre los humanos.  Saber perdonar es un arte, porque arranca desde el propio perdón sobre sí mismo para compaginar en el Otro, y darle al otro ese empoderamiento de ser perdonado, permite eliminar una gran carga emocional, un gran peso que nos acongoja a diario.  El mundo está lleno de personas que caminan a diario, y mi función es entender que ellos y Yo, podemos equivocarnos.
  • Hay una necesidad interna en el humano, buscar elementos de apoyo para estructurar caminos, estos, están determinados por los cambios culturales, por la manera como tratamos de entender el mundo, por la forma de entender una dinámica del ser que tiene por nombre espiritualidad, que a la vez, sustenta una intención de petición constante y se vuelve un argumento teológico.  Sin embargo, la exploración de ese mismo, determina un grado de aceptación en cuanto a principios, códigos y reglas.  El ser espiritual es la respuesta a una necesidad de no movimiento, de estatismo, de exploración interna de habilidades, capacidades o momentos en el silencio.  Nosotros inicialmente en la vida, somos ajenos a ello, y depende aún más de los modelos pedagógicos que hemos aprendido. Ahí está el dilema, solo en ciertos momentos o por circunstancias  críticas o reflexiva nos introducimos en este camino, y lo hacemos para buscar tranquilidad y paz. Bien, todos los días, deberíamos aplicar el concepto, para establecer un bien-estar en sí mismo y ante los demás.
  • Por último, el cuerpo es la casa corporal que camina de lado a lado con nosotros, la casa que llevamos y que otros ven. Reflejamos en el cuerpo el paso de los años, de las enfermedades, de las crisis, de las alegrías.  Y este Cuerpo, es un gran complejo estructural que hace podamos ver, sentir, hablar, percibir, caminar, entre otros. ¿Cuánto lo cuidamos a diario?, ¿Cada cuándo le hacemos mantenimiento? ¿cuánto lo mima a diario?. A veces, comprendemos que podemos hacerlo todo y no ponemos límites en los alimentos, al exceso, al ruido, a las obsesiones ( de todo tipo), para lo cual, el cuerpo responde, pero el desgaste se va evidenciando con los años.  Ser disciplinado con el cuerpo es estar bien, corregir y evitar enfermedades, establecer propias reglas y contribuir a un mejor estar en la vida.

Así como empezó este escrito. El sol es el centro del universo y la tierra gira entorno a él, igual pasa con nuestro centro, el YO, giramos alrededor de los demás, pero a la vez, somos un centro en nosotros mismos.  Y para poder disfrutar adecuadamente, debemos establecer unos pasos y unos lineamientos para vivir: Un buen vivir, es estar acorde con la tranquilidad, el autocuidado, la alegría, y adecuado acople en la sociedad.